lunes, 9 de marzo de 2009

SOBRE EL DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA. MARCELINO MORENO


Esta mañana cuando me desperté, miré al otro lado de mi cama y ya no estaba. Todos los días se levanta, se ducha, desayuna y se marcha a trabajar. Apenas ha salido la luz del día cuando llega para encender su ordenador y comenzar la larga jornada laboral. Me cuenta que tan sólo hay un compañero en su departamento, el resto, incluidos, todos los cargos de responsabilidad,  son mujeres.

Por lo que cuenta,  esta todo perfectamente organizado, cada una sabe lo que tiene que hacer y como concluir los trabajos encomendados con éxitos.

Cuando da la hora de comer, recogen y van corriendo a recoger a los niños, llegan a casa y se reúnen alrededor de la mesa, donde aparece el menú que tenía preparado la mamá con mucho cariño, hecho en la noche anterior.
Todo el mundo se va a descansar. Cuando aparecen en la cocina para coger la merienda, nos damos cuenta que esta todo recogido y en perfecta armonía, con algún detalle de lo que espera en la cena.
Nos vamos al parque, los niños van de arriba para abajo, de un lado a otro, suben, bajan, por todos lados, pero la mamá esta de pie con la vista puesta por todas las zonas de peligro.
Empieza a oscurecer, se regresa al calor del hogar. Sigue la marcha, ahora se presenta un momento de especial atención, realizar los deberes del colegio. Ella supervisa todo el proceso. Se da la orden, todos suben a la bañera y a colocarse el pijama. Como siempre a esta hora nueva reunión en torno a la cena. Se termina la jornada con la retirada a los dormitorios.  Ella se queda incansable recogiendo y adelantando el trabajo para que cuando amanezcamos este listo.

¿Para qué señalar un día en el calendario? ¿Hace falta acordarnos de lo que vemos continuamente, de las carencias que tiene la sociedad con respecto a este tema?
Es cierto que se ha avanzado mucho, pero es indudable que nos quedan muchas cuestiones por terminar de rematar. No podemos tolerar, por ejemplo,  que siga habiendo diferencias salariales y sociales a la hora de realizar el mismo trabajo según quien lo haga.
Tenemos que compartir la carga entre todos, no dejar ciertas tareas para ellas y las responsabilidades para nosotros.
No nos podemos permitir seguir construyendo el futuro con la mitad del personal, las dos partes del cerebro viajan y se mueven juntos.

Es verdad que no vale para nada celebrar el día de la mujer trabajadora, si no hacemos un balance continuado para saber en que se está fallando y corregirlo de inmediato.
Hoy por hoy todas las personas que convivimos juntos tenemos la obligación de aportar, corregir y seguir la buena marcha para instaurar las buenas costumbres.

Recordemos que tenemos un año para ver los objetivos marcados y los conseguidos.


Marcelino Moreno, Secretario de juventud e igualdad de C.E.

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